Guatemala Guatemala, lunes 21 de mayo de 2012 | 14:36:11 |
 
 

UNA HISTORIA DE AMOR. QUE SÍ SUCEDIÓ

Era una tarde de julio muy agitada, con bastante tránsito en las calles y se vislumbraba que pronto el Sol cerraría sus ojos.  Había mucho qué hacer, principalmente porque ella acababa de recibir su título universitario por alcanzar la Licenciatura en Informática y Administración de Negocios, que defendía muy bien académica y profesionalmente.

La toga ya descansaba en un aula de la Universidad Galileo, nos mantuvimos juntos desde el momento de haber tomado las fotos con los padres, tíos, hermanos y demás invitados.  La tarde cada vez se hacía más corta y debíamos dirigirnos rápidamente al club donde se realizaría la recepción.

Alrededor de las 19:00 horas, ya con La Luna iluminando el camino, el salón se llenaba de familiares, amigos e invitados especiales.  Por mi parte estaba muy entusiasmado, porque aún no siendo parte de la familia de la graduada sí fueron invitados mis padres y hermanos.  Yo mismo me ofrecí para tomar las fotografías y el vídeo de toda la jornada, constantemente revisaba mis bolsillos para ver que no faltara nada.

La cena se repartió, los meseros desfilaron con las bebidas ofrecidas para la ocasión, los invitados se levantaban a bailar y en medio del agradable ambiente la música fue interrumpida.  Llegó el momento del brindis, el cual me entusiasmaba de por sí.Escuchamos las palabras de sus padres, quienes manifestaban con gran emoción y regocijo el logro alcanzado por su pequeña, a quien le atribuían el esfuerzo emprendido que ahora alcanzaba su mayor fruto.  No podía dejar de observar al público, tanto familiares como compañeros de trabajo estaban muy contentos, porque además el ambiente era muy bueno.

Luego ocurrió algo que dejó al público extrañado y en pie porque daban por finalizada la presentación del brindis.  Los rostros curiosos aparecieron cuando di unos pasos hacia el estrado, donde se encontraba ella con sus padres.  Recuerdo exactamente que su mamá me entregó el micrófono ante la mirada un tanto atónita de mi familia, su familia y el resto de invitados, que juntos sumaban un centenar de personas.

Me llevé la mano al bolsillo para saber que todo continuaba en orden, previamente había delegado a mis hermanos el equipo de fotografía y video, pero sus miradas magnetizadas no les permitieron utilizar de manera adecuada las cámaras.  Alguno que otro escéptico consideraba un atrevimiento de mi parte, ya que me miraban como el típico novio que quiere salir en las fotos, que a los años deja de serlo pero ya plasmó su imagen para el recuerdo eterno en la familia.

Este caso sería muy diferente, aunque inicié mi presentación con la clásica felicitación por este gran éxito que hoy se celebraba.  Ella estaba a unos metros de mí, por lo que mi único recurso fue pedirle que se acercara porque en verdad estaba muy contento con su logro, del cual yo también fui parte durante la última etapa.  Todos sabemos que es necesario tener mucho apoyo para cerrar la carrera y llegar al momento de [...]

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