Guatemala Guatemala, jueves 17 de mayo de 2012 | 06:58:34 |
 
 

El cazador que se dejo cazar.




Venía de un colegio relativamente grande, en mi colegio anterior eran 2 secciones de cuarenta y algo y en el nuevo era una sola sección de a lo mucho veinte.  Mi colegio anterior con una disciplina militar nada se parecía a esta nueva experiencia que rompía todos esos moldes que había aprendido. Pero el mayor cambio era que el colegio era mixto.  Para este adolescente sin hermanas, lleno de hormonas que despertaban, fue un reto fuerte el convivir  con ellas. Me enamoraba fácilmente, cualquier caricia o atención era interpretada como interés… que regularmente no tenía nada que ver con mis expectativas. Fueron años complejos de adaptación y autodescubrimiento. Después de un año tormentoso me sentía cómodo y empezaba a escoger a la presa  y ya no era una víctima de mis alucinaciones amorosas.
***

Ella era la más “atractiva” de ese año o por lo menos así se rumoraba dentro del círculo de amigos que analizaba a detalle a cada una. Eran los tiempos en que las técnicas de cortejo eran probadas entre los jóvenes.  Varios veredictos y pocas conclusiones de cómo conquistarla. Para algunos era la femme fatale que sería el trofeo de supremacía que permitiría destacar, para otros la mujer inalcanzable con la que soñaban. Ningún atributo sólido para hacer el juicio, era simplemente  atracción pues eran muy pocos los que realmente le hablaban. Ella cursaba tercero básico y nosotros desde un universo diferente la veíamos desde el aula de segundo básico. Tenía ojos verdes y físicamente sobre salía por las curvas que en aquel tiempo eran más enloquecedoras aún. Una de sus hermanas cursaba con nosotros, y eso daba la oportunidad de llegar a hablarle aunque sea por casualidad. Decidí jugar mis cartas y a fuerza de voluntad más que de probabilidades empecé a hablarle. Era un manojo de nervios, me sudaban las manos y me reía tontamente. Aunque ya no era un novato, como hace un par de años, estaba fuera de mi liga. Podía hablarle y hacer que me pusiera atención y eso era visto ya como un triunfo entre mis pares.  Muchas veces nos habíamos quedado petrificados ante retos similares, nada del otro mundo: una mujer bonita nos regalaba un Hola y respondíamos con un ruido gutural que crujía en la garganta como madera seca quebrándose en el fuego de una fogata. Luego una sudoración nerviosa surgía como por arte de magia, la mente hecha un caos de ideas y preguntas que bombardeaban e impedían emitir una palabra. Pero no me paso eso esta vez, contra todas las apuestas mantenía una conversación fluida con ella, la podía hacer reír y pasábamos los recreos casi siempre platicando. De alguna forma había logrado algo que ni yo mismo había creído posible: había creado una oportunidad.
***
Para alguien que venía de un mundo distinto en el que la disciplina y el castigo era cosa de todos los días, este colegio era un paraíso. Sin contar de que habían mujeres.  Empezaba a cursar el segundo básico y ya no pintaba como el patito feo que fui en el primer año de ese colegio.  Ahora ya conocía a los de mi clase y ya sabía a qué atenerme con ellas. Recuerdo que en la [...]

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