Guatemala Guatemala, jueves 09 de febrero de 2012 | 16:03:49 |
 
 

Mi querido, amor.

"Mientras llenaban su copa lentamente, su respiración se tornaba cada vez más fuerte pero sútil, sus labios exaltaban deseo y cuestionamientos sobre los sabores que la atormentan en ese momento. No dejaba de ser ella. Sus manos se movían al ritmo que todo el mundo esperaba, sensual, exótica, brutalmente natural, caracteristícas que sólo sus grandes depresiones pudieron controlar".
Luci estaba sentada en la cama esa noche. Fumaba un cigarrillo azul y esperaba a que pasaran las horas, el sonido del reloj invadía la habitación, Etta James al fondo, Lucía se tambaleaba al ritmo del blues, un poco intoxicada de alcohol, y de todo lo que la rodeaba. Bebía ginebra en un vaso de vajilla, se veía al espejo a cada minuto y coqueteaba con ella misma, examinaba sus movimientos, su cabello, su maquillaje, sus grandes ojos y pestañas postizas. Se probaba decenas de tacones, tacones de colores, infaltables, pues ella era diminuta, cómo un llavero, siempre soñó que un hombre la rescataría y la metería en su bolsillo para que escaparan juntos. Siempre intranquila, esa noche, también, estaba intranquila cómo siempre.
Esa noche Lucía esperaba a Baher, baher era su compañero de vida, él entraba a la habitación con la cabeza en alto, paralelamente a eso su vista siempre apuntaba al suelo. Seducía a los espectadores con pocas palabras, muy agudas. Cómo la forma de sus manos, y la respigada silueta. Siempre habían sido incondicionales.Baher no se aparecía en casa de Lucía, y Luci no lo había notado, ninguno de los dos tenía sentido del tiempo, del espacio, o del resto del mundo.
Por fin Baher, al llegar a casa de Luci, entró sin llamar, ahí estaba ella, sentada al lado de la tina perfumándose el cuello en ropa interior, con el altavoz encendido, charlando con uno de sus amantes, riéndo y prometiendo cosas que ella sabía jamás cumpliría. Baher se le quedó viendo a Luci. Ella sonrió se levantó, lo abrazó, con el dedo gordo del pié colgó el teléfono sin despedirse, se colocó un vestido en tres segundos y le dijo a a Baher: Okei, estoy lista.
Bajaron a un bar con jazz y sushi. Luci estaba un poco borracha para ese entonces, había mezclado sus pastillas para dormir con la ginebra y el vodka. Pero se sentía bien, estando ahí con Baher pensando en lo que no tenía, pero podía conseguir. Pues ambos era jóvenes, y era muy temprano esa noche para perder la esperanza.
Baher salió a atender una llamada, Lucía no acostumbraba a sacar su teléfono al salir de casa. Le parecía un mal innecesario que tratasen de localizarla a todo momento. Las horas pasaron adentro del bar, entrando a la madrugada, un hombre bien parecido se acercó a Baher y comenzaron a conversar. Lucía sonrió, se levantó, acarició el cabello de Baher y le susurró al oido: Es hora de que me vaya a casa.Tomó de golpe lo último de su trago rosado y salió a la calle. Un taxi la [...]

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